lunes, 9 de marzo de 2015

Pequeño diario de reflexiones - Viaje a Marruecos.


 1º Día – San Fernando / Tetouan.


 ¿Existe alguna razón  para coger la cámara, hacer la maleta  y salir de la seguridad de mi “ zona de confort “ con la intención de narrar historias encerradas en un rectángulo de papel?
 A veces, pienso que soy víctima de un hechizo. Si así fuera, mi deseo sería que lo invocara Robert Frank cuando estuvo en Valencia o Robert Doisneau tirando piedrecitas al Sena.
  Tetouan me recibe con unos brazos demasiado abiertos brindándome una luz que mis ojos siempre ven a f22.
 La foto suelta y el breve encuentro ( Preciosa película ) impregnan poco a poco los HP5.
  Sigo buscando esa imagen que me alegre el día. Pienso “ Cada disparo debe de ser válido “ y a la vez me pregunto ¿Válido para que? ¿Válido para mi? ¿Para mi ego? ¿Debo de demostrar algo?
 Sospecho que mas que un hechizo debe ser una maldición, sin pócima que la libere.
 A modo de 1984, Mohamed VI me observa desde cada esquina, desde cada bar, desde cada comercio. Ellos tienen el tiempo. Yo tengo el obturador.

2ª Día – Martil

 ¿Qué cante doy en Marruecos? ¿Turista? ¿Fotógrafo? ¿Intruso?
 En ciudades importantes y zonas turísticas El Reino de Marruecos no es poliédrico. Es plano de solemnidad.
 Clichés masticados de patio azul postalero, aguadores uniformados, aceites de Argán de las mil y una noches y todos contentos para casa.

 Extranjero y llevar la cámara colgada al cuello es sinónimo de sospecha.
 La imagen maliciosa siempre reside en la mente de quien la observa y por tanto demostrar inocencia no es tarea fácil. Las explicaciones suelen quedar en saco roto y es demasiado fácil confundir fotografía con realidad.

 Ojalá fuera invisible.
 Aquí el compromiso con la fotografía es una línea demasiado delgada que se define como un modo de agresión.

 Necesito estar junto al tema. Posicionarme. Soy de los de angular. El teleobjetivo no me acerca lo que encuadro, su perspectiva no me deja oler el tema, me lo aleja.

 Al final todos nos haremos nada y en definitiva ese es mi anhelo en fotografía, la nada.

  Solamente haré buena fotografía cuando no haya nada que sobre en la imagen y nada se eche en falta de en ella.

  Utopía fotográfica.

3ª Día – Tanger
  Ignoro si estoy en la ciudad donde murieron un poco mas W. Burroughs y J. Kerouac  o en el barrio de París.
    Lancome, Dior y Chanel me acompañan en un recorrido disfrazado de imitaciones de 501. Un dromedario junto al mar hace caja. Ni siquiera la Kashba, casposa, recrea ilusiones de autenticidad. Ya nada queda del Tanger Internacional, ni rastro alguno de sus Satánicas Majestades
   La policía, camuflada, me indica que debo y no debo fotografiar: Una canasta rota de baloncesto esta prohibido, la playa si salen personas… también.  “ Hay que fotografiarla cuando esté sola “ me indican sin demasiada amabilidad. Quisiera responder “ Lo siento, no soy de los de “ light painting “ a las tres de la mañana “, pero la puedo liar aún mas.
  Guardo la cámara. No me gustan las trifulcas dialécticas. Una discusión no la gana nadie.
  Paseo y observo. Intento ver fotográficamente. Vuelvo a sacar mi arma.

  Estoy en sitios ya vistos. Una cita a ciegas donde con anterioridad se conocía a la chica.
  Comprendo por que Tanger es una ciudad de paso.

4ª Día: Oued Laou
  A 4 Km de Oued Laou los sábados por la mañana, en pleno campo, se instala Zoco de Beni Said.

  Aquí, según la hora, se trueca, trapichea y venden gallinas, burros, carneros, conejos….

  No faltan cuentacuentos y charlatanes vendedores de milagroso crecepelo y del elixir de la eterna juventud pegados al radio-casete Casio que les sirven de cascoso altavoz.
 Beni Said también es un lugar idóneo para las relaciones humanas en el mundo rural, el encuentro con vecinos y el intercambio de noticias, donde la mujeres al contrario de los zocos del sur son parte muy activa del mismo.

 Objetos, prendas y enseres  que el ¿ primer mundo? desecha y amablemente recogen en la puerta de casa con bondadosos cartelitos de que van directamente al necesitado de turno aquí tienen su razón de ser. Da igual que esté roto o no, irá en consonancia con el precio.
 Lo que en 6 días es un lugar seco e inhabitado los sábados se transforma en un autentico hervidero de sonidos y olores.
 Comienzo a ver otro Marruecos donde el tiempo toma un respiro y se detiene.
  Apenas hago fotos. No soy fotógrafo de tumultos, tan solo disfruto con lo que veo y me siento, ante este impagable espectáculo un privilegiado.
  Un “ Street Photographer” (No sabemos quien es Becquer pero si sabemos lo que es un “S. P.”) tiene aquí su paraíso.

 
 

5º Día: Azla

   En mi comienzo en fotografía, rehuía de la luz dura. La luz suave de los días nublados y película de 21 DIN/100 Asa (ISO) con reveladores compensadores era la combinación perfecta. Mi pobre técnica me aseguraba copias “sin problemas” en el laboratorio.

  Luz suave = luz fácil. No problem.
 
  Azla me recibe con 40 grados y un sol de justicia que, en determinados momentos, me tambalea a ritmo zombie.
  Se que debo de hacerme amigo de esta luz o iré de culo con las fotos y desde luego no he venido a Marruecos a pasear.
 ¿Qué me permite esta luz fotografiar y que no? ¿Cómo puedo domesticarla?

  Sin duda, la luz impone una mirada, una forma de ver. Esta juega conmigo y yo, dependo de ella.

 Suelo fotografiar generalmente con igual método: Primero la iluminación, segundo el fondo, después el tema y siempre en analógico. La fotografía digital la reservo para los encargos profesionales.

  Por primera vez en éste viaje, en la aldea regreso al Marruecos acogedor. Los lugareños invitan a fruta y té y en sus preguntas, muy al contrario de ser interrogatorias, dejan paso a la curiosidad.


  Es curioso como según pasan los días y según me va, mi reflexión fotográfica del país cambia como una pelota en un partido de tenis. Hay momentos, cuando no veo nada que fotografiar donde me pregunto “¿Qué cojones (perdón) hago yo aquí? “ para, quizás al poco tiempo, responderme echando la cámara al ojo “ Ahora lo se, tomar esta foto ”.
 
  

  6ª Día Chefchaouen

   He tenido mis dudas sobre retornar al pueblo de los tres nombres o no.
   Xaouen no es marruecos.  Tan sólo es una Isla dentro de una isla.
  
   Fotografiar es un acto de voluntad que mas tarde puede convertirse en placer.

   Mi anteriores visitas a la ciudad no depararon apenas imágenes. No me situaba.

   Tampoco sabía si estaba en Mijas o en Coníl.
   Me sentía en un parque temático, utilizado. No encontré el latido de la ciudad.
  ¿Qué urbe tiene alma en nuestros días?

   El reto de fotografiar. Echar fuera la pereza e intentar ordenar el mundo en un rectángulo.
   Hay una grieta en todo, dice la canción de Leonard Cohen: Por ahí es donde entra la luz.

    La imágenes poco a poco van cayendo en la cesta y esta, sin embargo, pesa menos.  ¡ Cuanto pesa la mochila fotográfica cuando no hago fotos y como se evaporiza cuando estoy apretando el obturador ¡

  ¿No será que lo que los ojos transmiten no es cierto?

  Aquí en Xaouen, Chefchaouen, Chaouen, me siento vivo.


7º Día, regreso.

  …. Y el 7º día descansó … curiosa la cita bíblica … el fotógrafo nunca para.

 Toda imagen es el principio de algo y no necesariamente mejor que lo anterior.

 Imposible no mirar atrás al entrar en el taxi, al cruzar la frontera, al coger el barco…. Siempre con sensaciones de extravío, de que algo se queda allí y que las mejores fotos han quedado olvidadas en tierra extraña/cercana quedando perdidas para siempre.

 Y si así fuera…. que mas da !!!
 La imagen latente se contagia desde la película al corazón. Mas importante es el camino, la experiencia. Vivir intensamente a través de décimas de segundo.

 Bien seguro que eso es lo que nos llevaremos. Lo demás, aquí se queda.



 Julián Ochoa - Agosto 2014.


4 comentarios:

Manuela quiros navarro dijo...

Cuando te conocí,no pensaba que iba a quedar como una niña cuando te cuentan un cuento,o quizás tu hiciste que esa niña volviera a estar de nuevo conmigo,tu y tu forma de narrar, porque eso es lo que haces.Cuando cuentas un historia, lo haces con tanta pasión!! que llegas y te engancha,muy bonitas tus reflexiones de ese viaje fantástico,para mi es como haber estado en ese taxi de vuelta,un abrazo!

Julian dijo...


Gracias Manuela, tu si que eres grande.

Bss.

José Manuel Rodríguez Calleja dijo...

El leer el relato de este viaje por Marruecos hace que apague el Imac y suba a El Coto a escucharte hablando en plata. Nos vemos.

Julian dijo...

Confío que haya sido de tu agrado la escucha, Jose Manuel.

Gracias por acompañarme.