Acabo de leer en Arte Informado: "La destrucción de los libros es un acto transformador y no una violación de derechos de autor".
Por favor, paren el motor.
Me quiero bajar.
Artículo completo de la revista Arte Informado.
La empresa creadora del chatbot Claude utiliza una máquina hidráulica para arrancar páginas de libros raros y escanearlos con equipos industriales. Un juez de California avaló la práctica bajo la doctrina de «uso transformativo», generando indignación en el sector de los libreros anticuarios y defensores del patrimonio cultural.
Internacional – Un reportaje de The Telegraph y 404 Media ha revelado que empresas de inteligencia artificial, entre ellas Anthropic, están comprando millones de libros usados y raros para escanearlos y luego destruir los ejemplares físicos, en una práctica que ha sido calificada como «barbarie cultural» por libreros y defensores de los derechos de autor. Según la investigación, Anthropic, creadora del chatbot Claude, adquirió libros a través de distribuidores y librerías de segunda mano, a veces por apenas unos dólares, para luego arrancarles las páginas con una máquina hidráulica y escanearlas con equipos industriales. El proceso se ampara en la doctrina legal de «uso transformativo», que un juez de California consideró válida al dictaminar que la digitalización y destrucción del ejemplar físico no constituía una violación de derechos de autor, ya que el contenido digital «reemplaza» al original.
La práctica ha generado indignación entre libreros anticuarios y defensores del patrimonio cultural. Pieter de Vries, un librero de Haarlem, Países Bajos, relató a The Telegraph que recibió un correo electrónico de una empresa llamada 2077AI solicitándole una lista de alrededor de tres mil títulos, algo inusual en el comercio de libros raros. «En el comercio de libros antiguos, es muy raro que la gente quiera comprar más de un libro», declaró. Un servicio llamado ISBNdb, que ofrece la posibilidad de pedir hasta un millón de libros a la vez, publicó en su sitio web: «El problema de la imagen pública es real. ‘Empresa de IA destruye dos millones de libros’ no es un titular que genere simpatía». Otro librero en España, Marçal Font i Espí, señaló que las empresas de IA han llegado a un «muro de datos» y necesitan material humano para entrenar sus modelos, ya que internet está saturada de contenido generado por IA. Hoy se habita la teoría del internet muerto, es decir, un internet donde la mayoría de lo que circula está hecho por inteligencia artificial a través de cuentas bots que ya superan a aquellas manejadas por humanos.
Lo que está en juego trasciende el debate legal o económico, se trata de una urgencia por regular el poder de las empresas de inteligencia artificial y el control que tienen sobre la memoria y el patrimonio bibliográfico de la humanidad. Si los últimos ejemplares físicos de libros raros son reemplazados por versiones digitales, el mundo no solo estará digitalizando su historia, sino que estará entregando el último registro independiente de ella. Cuando los originales desaparezcan, el pasado existirá únicamente como datos, los cuales pueden ser editados, filtrados, reescritos o eliminados. Sin un soporte físico al que regresar, la realidad queda sujeta a quienes controlen los archivos digitales. La destrucción de estos ejemplares, incluso los de grandes tirajes, representa una pérdida irreparable para la memoria colectiva, pues elimina la posibilidad de contrastar, verificar o reinterpretar el pasado de manera autónoma.
La destrucción de ejemplares físicos, incluidos libros raros con pocas copias supervivientes, ha provocado reacciones en el sector tecnológico. Elon Musk declaró en X que ha pedido a su equipo de SpaceX que preserve los libros raros y los escanee «de la manera difícil» en lugar de cortarles el lomo. Ed Newton-Rex, fundador de Fairly Trained y crítico de la industria de la IA, afirmó que «no hay imagen más adecuada en la era de la IA generativa para la explotación que subyace a esta tecnología que empresas de casi un mil millón de dólares comprando libros por unos céntimos, escaneándolos, entrenando con ellos y luego destruyéndolos». Mientras, Matan Grinberg, director ejecutivo de Factory AI, escribió en redes: «Hay algo particularmente misántropo en la destrucción mecanizada de objetos humanos tan íntimos. La historia rara vez es benévola con quienes destruyen libros, sea cual sea la razón». Los libreros consultados por 404 Media han expresado sentimientos encontrados, pues aunque les beneficia económicamente, les preocupa el destino de libros poco comunes. «No me gusta el uso final y no me gusta que los libros raros sean pulverizados», afirmó uno de ellos.
La práctica, aunque legal en Estados Unidos, ha abierto un debate sobre los límites éticos del entrenamiento de IA y la protección del patrimonio bibliográfico frente a los intereses comerciales de las grandes tecnológicas. El juez que falló a favor de Anthropic consideró que la digitalización y destrucción de los libros era un acto transformador y no una violación de derechos de autor, una interpretación que ha sido criticada por defensores de los derechos de los creadores. El riesgo de que la historia quede sujeta a la manipulación digital ha llevado a expertos y bibliotecarios a alertar sobre la necesidad de preservar los ejemplares físicos como garantes de una memoria colectiva verificable. Mientras tanto, la industria tecnológica parece dispuesta a sacrificar el patrimonio cultural en aras de la eficiencia y el control de los datos.